Las rúbricas (o matrices de valoración), tu mejor aliado

¿La peor parte de ser profesora? Sin duda, corregir. Y ahora que llega el fin de curso… ¿Qué mejor momento para hablar de ello? He aquí una visión un poco más positiva sobre este aburrido y mecánico proceso. ¿Cómo podemos hacer que los estudiantes se beneficien más de las correcciones que les damos a la vez que mejoramos nuestra efectividad corrigiendo?

¿Qué son las “rúbricas*”? (Quizás este epígrafe no sea necesario para todo el mundo, lo escribo por si acaso)

*Rúbrica: en inglés “rubric”. Quizá porque trabajo en Estados Unidos utilizo palabras que son calcos del inglés y que quizá no son las más usadas en otros contextos/lugares. He buscado y visto que también se les llama matrices de valoración/evaluación. Si hay más maneras de llamarlas, por favor decidme en los comentarios. Una descripción puede ayudar a aclarar cualquier duda: llamamos rúbrica a las tablas de evaluación en las que dividimos la nota total de la actividad o examen en categorías. Por ejemplo, para una actividad oral, estaremos dando un X% a la claridad, un X% a la pronunciación, un X% al contenido, un X% a la gramática, etc. Normalmente dividimos después a su vez cada una de ellas: dentro del X% de la claridad, daremos todos los puntos asignados cuando el estudiante sea capaz de hacer esto, esto y esto; casi todos los puntos cuando puedan hacer esto y quizá fallen en esto otro, la mitad de los puntos si pueden hacer esto pero no esto y esto otro, etc. Así, en un eje tendremos las categorías con los aspectos a evaluar y en otro las descripciones de los criterios de evaluación. Este es un esquema de la apariencia final:

¿Por qué y cuándo usar las rúbricas?

Las rúbricas nos ayudan a evaluar tareas para las que no es sencillo (ni acertado) decidir entre “bien” o “mal”, por ejemplo tareas de producción oral o escrita. Los exámenes orales o las redacciones son dos ejemplos, pero también presentaciones orales.

Lo primero que tenemos que hacer es decidir las categorías que vamos a incluir y cuánto peso les daremos. No siempre tenemos que evaluar los mismos aspectos, o no siempre tenemos que incluir la gramática. La última rúbrica que diseñé fue para evaluar las presentaciones orales sobre cultura hispana que mis estudiantes prepararon. Para poner el énfasis en la comunicación de ideas y bajar la ansiedad que produce hablar en público decidí no incluir adecuación gramatical en absoluto. Lo que quería es que fueran capaces de comunicar lo que habían investigado sin leer, y para ello quise que no tuvieran miedo al error eliminando este punto por completo.

Es importante tener en cuenta que los estudiantes tienen que tener acceso a la rúbrica desde el momento en que les asignamos la tarea. Es crucial para que sepan planear y/o estudiar adecuadamente, y además es justo. Simplemente les estamos dando acceso a los criterios específicos con los que se les va a evaluar.

La escala de clasificación debe tener un número de criterios pares, nunca impares. Cuando hay un número impar, por inercia tendemos a marcar la casilla del medio, mientras que si el número es par nos vemos forzados a decidir. Un ejemplo válido sería “sobrepasa la expectativa, cumple la expectativa, se acerca a la expectativa y no llega a la expectativa”. Es tentador incluir una intermedia entre las dos primeras, pero no es quizá una buena idea.

Estos documentos nos ayudan a tomar decisiones, por lo tanto no pueden ser vagos o genéricos. Las descripciones de los criterios de evaluación deben ser concisos y medibles. Es muy recomendable consultar la taxonomía de Bloom para ver qué verbos designan aspectos medibles y por tanto nos ayudan no sólo aquí sino en más ocasiones, por ejemplo, a la hora de determinar los objetivos para una clase. Este ejercico convertrá nuestras rúbricas en herramientas objetivas. En vez de decir “el estudiante habló con claridad” (subjetivo), podemos decir “el estudiante no leyó”,  “el estudiante habló a una velocidad natural, pronunciando detenidamente las palabras” o “el estudiante subrayó las ideas principales de su presentación”.

¿Cómo hacer que las rúbricas sean más efectivas y útiles para los estudiantes?

El tiempo y dedicación que ponemos en la elaboración de rúbricas es demasiado alto como para arriesgarnos a que las correcciones que entregamos a través de ellas no sirvan para ayudar a nuestros estudiantes. Cuando les vemos meter en sus mochilas sin apenas ni echar un vistazo a lo que les acabamos de devolver corregido, a todos nos entran instintos asesinos. Es normal. Veamos qué podemos hacer:

A parte de familiarizar a los estudiantes con las rúbricas que usamos dejando que las lean desde el primer momento o haciéndoles corregir una tarea de prueba a ellos mismos, podemos transformarlas en pequeñas encuestas de autoevaluación, y hacer que los estudiantes las completen tras realizar la tarea/prueba. Escribiremos cosas como “No he leído durante mi presentación” o “He pronunciado las palabras con el suficiente tiempo y a una velocidad natural”. Así, cuando vayamos a corregir, ya tendremos información sobre cómo el estudiante se vio a sí mismo, y lo que haremos será constatar si estamos de acuerdo o no. Esta autoevaluación se convierte así en evaluación de profesor, y cuando la devolvamos hay más posibilidades de que los estudiantes las lean, ya que el hecho de haberles preguntado primero les va a involucrar en la clase y en su aprendizaje, y tendrán curiosidad por ver si se han autoevaluado correctamente.

Otra buena idea es mandarles hacer algo con las correcciones que les devolvemos y ofrecerles la posibilidad de sumar unos puntos. En el caso de una redacción, pueden reescribirla incorporando los comentarios del profesor, o podemos simplemente marcar dónde está el error sin decirles cuál es y que se corrijan a sí mismos. Me pregunto si tenéis alguna otra idea para mejorar la efectividad de las correcciones y me encantaría que me las hicierais llegar. Mientras tanto… ¡mantén la calma y sigue corrigiendo!

Me tomo un momento aquí al final para decir que este es un post especial, por ser el primero que escribo después de haberme graduado del máster de español que estoy estudiando. En este post concentro ideas de dos profesoras muy importantes en mi desarrollo como profe de E/LE. Ellas son Tiffany Belka y la doctora Eva Rodríguez González. A ellas les debo todo lo que he aprendido de pedagogía, docencia, trabajo duro, integridad y sobre todo… ¡ganas de enseñar! Muchas gracias a las dos desde aquí.

 

 

 

 

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2 comentarios en “Las rúbricas (o matrices de valoración), tu mejor aliado

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