¿Cómo forjar estudiantes independientes?

 

Una de nuestras metas como profes no es solo enseñar materia a nuestros estudiantes, sino ayudarles a que se enseñen a sí mismos. Esto es particularmente necesario en la clase de idiomas, por muchos motivos:

1. Nuestra labor con ellos es temporal: estaremos en contacto con nuestros alumnos durante un tiempo limitado )un curso escolar, quizá solo meses) y después pasarán a otros profes, otras clases y otras dinámicas diferentes, contando además con que, a no ser que esta sea la primera vez que entran en contacto con la lengua, también habrán estudiado con otros profes en el pasado. Así, el recorrido del estudiante es un puzle complejo y repartido en un número variable de años, pero lo que no queremos es que su aprendizaje sea un rompecabezas. Para dar continuidad y solidez al proceso, es necesario que el estudiante se implique y tenga control sobre este proceso, es decir, que sea capaz de ser independiente.

2. Cada estudiante tiene su propio ritmo de aprendizaje: en una clase, los conceptos están normalmente repartidos en el tiempo de manera que el profe no puede cambiar demasiado el ritmo al que debe avanzar. Si además los estudiantes se tienen que enfrentar a un examen estandarizado al final del curso, la presión por cumplir con el calendario aumenta aún más. Sin embargo sabemos que mientras hay estudiantes que están listos para adaptarse a este ritmo, otros irán quedando por el camino, por mucho que intentemos aportar material extra u ofrecer más horas de tutoría. Por una parte, el estudiante confía 100% en nuestro trabajo de enseñarles, pero por otra se siente muy frustrado. Una solución es enseñarle a formar parte de su aprendizaje de una manera más activa e independiente.

3. Cada estudiante tiene su propio estilo de aprendizaje: sabemos que en nuestras clases debemos incluir una variedad de actividades que toquen diferentes estilos de aprendizaje, pero esto es más sencillo en la teoría que en la práctica, pues no podemos repetir los mismos conceptos una y otra vez, cada una de ellas ejemplificando un modelo diferente. Al final, tenemos que tomar decisiones, y usaremos por ejemplo más input con pretérito/imperfecto, pero instrucción explícita con el subjuntivo, visuales con el vocabulario y resúmenes nocionales con por y para. Estas decisiones están influenciadas por nuestros propios estilos, y eso de que cada maestrillo tiene su librillo, pero quizá no todo quede tan claro en la mente de nuestros estudiantes. Sería genial que ellos ganaran la independencia suficiente como para identificar lo que mejor funciona para ellos.

Nuestros deseos de que nuestros estudiantes sean independientes tienen que conjugarse con nuestra misión de dirigir a un grupo heterogéneo hacia una misma dirección, por lo que aquí ofreceré unas ideas que tienen en cuenta esta polaridad, pero que la aprovechan para hacer algo positivo tanto con los estudiantes como individuos, como con los estudiantes como formantes de un grupo.

¿Cómo lo hacemos?

Lo que propongo es cambiar la manera en la que damos “feedback”, o correcciones de cualquier tipo a nuestros estudiantes. Siempre nos lleva muchísimo tiempo corregir las cosas que nos entregan, casi siempre ponemos mucho esfuerzo en darles correcciones detalladas, pero muchas veces vemos cómo guardan lo que les devolvemos en sus mochilas sin apenas leerlo con atención, y casi nunca podemos comprobar si el mensaje ha llegado, es decir, si ha servido para algo.

Por otra parte propongo aumentar la comunicación y el diágolo que existe entre los estudiantes y el profesor para construir un proceso colaborativo entre ambas partes.

– ¿Puedo o no puedo?

Cada vez que vayamos a hacer una actividad con nota, podemos incluir una pequeña encuesta / autoevaluación en una segunda hoja donde les preguntamos si creen que son capaces de cumplir los objetivos que hay detrás de tal actividad. Deberíamos redactar estas preguntas como oraciones incompletas del tipo “Puedo…” o “Soy capaz de…”, donde solo les pedimos que marquen la casilla “Sí, puedo” o “Aún no”.

Por ejemplo, si queremos trabajar o medir su habilidad para pedir información escribiendo un email, podemos escribir: “Soy capaz de comenzar/concluir un email de una manera natural”, “Soy capaz de realizar las preguntas necesarias para obtener la información que necesito”, etc.

Si estamos trabajando la habilidad de describir oralmente, por ejemplo, la familia, estas son unas opciones: “Puedo nombrar todos los miembros de mi familia”, “Puedo describir físicamente a los miembros de mi familia”, “Puedo hablar del trabajo de los miembros de mi familia”, etc.

Lo que haremos después cuando corrijamos será corroborar o desmentir, con nuestros comentarios, si efectivamente fueron capaces de realizar todas las acciones para las que marcaron la casilla “Sí, puedo”. Esto no sólo es útil para forjar en ellos la idea del aprendizaje independiente (aunque guiado), sino para que nosotros como profes sepamos si nuestros estudiantes se sentían preparados para llevar a cabo la actividad/examen.

– Los objetivos

Sabemos que nuestras clases deben comenzar con los objetivos del día. Algunos profes incluyen los llamados “outcomes” o resultados de tales objetivos, como por ejemplo “genial si soy capaz de hacer X,X y X; bien si soy capaz de hacer X y X, regular si soy capaz de hacer X”. Pero a veces no les mandamos hacer nada con ellos. ¿Qué tal convertirlos en una encuesta al final de la clase? Podemos hacerlo a mano alzada, o que lo escriban en sus cuadernos.

Como decía en el apartado anterior, este tipo de ejercicios les hace reflexionar sobre su aprendizaje y por tanto les ayuda a ser independientes, pero también nos da muchas pistas a nosotros. Si ya han aprendido e interiorizado el material, quizás esa actividad de refuerzo que teníamos preparada no es tan necesaria; o por el contrario, si íbamos ya a cambiar de materia, quizá deberíamos pensar en ampliar un poco más, dependiendo de lo que nos digan.

Hacerles saber que estas encuestas pueden modificar (aunque sea a pequeña escala) el ritmo y el contenido de las clases les hará involucrarse mucho más en ellas, a la vez que les enseña a tomar agencia en su aprendizaje.

Estas prácticas ayudan…

> A la dinámica de grupo de nuestras clases allanando las diferencias inevitables que todos nuestros estudiantes presentan.

> A que cada estudiante se involucre en la clase y en su aprendizaje individual, pues les demostramos que su percepción es valorada y tenida en cuenta.

> A que nosotros como profesores podamos saber cómo los estudiantes están incorporando la materia que trabajamos en clase y en base a ello tomemos decisiones que se ajusten mejor a sus necesidades.

 

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